sábado, 18 de noviembre de 2017

Medina Reyes tuvo un par de buenas ideas...

“Betty no tiene  idea de lo que es un matamoscas, no sabe quiénes son Sid y Nancy, no lo sabe.” <<Y usted tampoco>>, eso pensé apenas terminé de leer esa línea. En el primer capítulo hay una indicación te dice “Suena música de los Sex Pistols” y cuando leí “El tipo que canta se llama Sid Vicious”, supe  que, quien narraba,  no tenía ni idea de la banda. El que cantaba era Johnny Rotten. Se supone que Sid tocaba el bajo; lo que tampoco era cierto, pues no tenía idea de cómo hacerlo, solo se subía a alardear con el instrumento desconectado para evitar dejar a la banda en ridículo. El recuerdo de esa lectura y del pensamiento vino a mi memoria una noche mientras caminaba por la décima con quince en compañía de unos amigos; algunos de ellos tampoco sabían quiénes eran Sid y Nancy, y en realidad les interesaba muy poco, y a pesar de ello habían leído la novela de Medina Reyes así que charlamos un rato sobre varias cosas del texto.

“De pronto Medina si sabe cómo fueron las cosas en esa banda, el que no sabe es Rep”, les comenté, y trago tras trago fantaseaba con encontrarme al tal Rep por la 26 o por alguna calle de Chapinero y dejarle un recuerdo de mis botas en la nariz.  Rep, era un tipejo que había tomado un curso de cine y se le ocurrían un par de ideas para crear películas independientes; no tenía por qué saber de música. Sin embargo, debía saber que Sid era de Londres. Sid corría ebrio o drogado por las calles de la capital del Reino Unido, con una cerveza en la mano o arrojándole tampones usados a los transeúntes; supe por Alan Parker que frecuentaban un bar que quedaba en la Oxford Street y que hacían estragos, él y sus compañeros, por Piccadilly Circus y otras avenidas del centro. En Londres las calles tienen nombres, recordando a algún héroe patriótico o haciendo referencia a lugares históricos. Si las calles de Bogotá tuvieran nombre ¿Cómo se llamarían?, la calle del grafiti del león de tres cabezas, la calle del árbol gigante…

El Zombie decía que le gustaría encontrar un día de estos la calle de Diógenes, no por Sinope sino por el nombre de su banda y sus canciones que se oyen en Las Nieves y en La Perseverancia. Yo me he topado con la calle de María Mercedes Carranza o con el callejón del fantasma, sin saber que tiene que ver Carranza con esa calle o si un fantasma anda por la otra; tengo presente que algunas calles de Bogotá tienen nombre, en especial las más antiguas, las del barrio La Candelaria o Las Cruces; muchas otras calles se han ganado sobrenombres: la calle de los libros, la calle de los eléctricos, la calle de los burdeles, la calle de los mariachis y aquella que llamaban la L por la forma que tenía.
Toba, uno de los amigos de Rep, vive en Chapinero, trabajó en la Zona Rosa y vendía cosas en el mercado de las  pulgas los domingos; es curioso como al escuchar estos nombres, o al leerlos, inmediatamente el cerebro los relaciona con algunas imágenes, pero en especial con números, nomenclaturas que le dan un orden a la ciudad: La Zona Rosa: la 85, Chapinero: De la 65 a la 51, más o menos. Tal vez con las pulgas se vaya dibujando en la cabeza la estación de la Jiménez y el Parque de los Mártires, parte de Plaza España y todo el trayecto que se recorre para llegar al este sitio de comercio en el que todo lo hay o si no se lo inventan. Esa noche andábamos con un aerosol de graffiti y dibujamos el símbolo de la Okupa en algunas calles, las que transitamos y conocemos, y aunque el dibujo no sea persistente a una capa de pintura nueva, estará presente en nuestra memoria cada que caminemos allí; y tras ese recuerdo la nomenclatura deja de importar para darle paso a la reminiscencia de una imagen.

Cuando ya iban a ser las 5am pasamos frente a la Plaza de Bolívar esperando el momento en que la pintura en colores fríos de la noche se fuera desapareciendo para pintar el día con colores cálidos, y recibir este nuevo lienzo con las cámaras en la mano. Repasamos las cuatro estructuras que recubren el Damero de la plaza, que ha servido de tablero de ajedrez en el desorden de las protestas y los conciertos. Tras la Catedral Primada va quedando la noche y entre la Alcaldía y el Capitolio llegó lentamente el nuevo día. Yo me dediqué a tomar videos porque el enfoqué fotográfico no es lo mío y mientras veía cambiar la escala de colores recordaba  las películas que quería grabar Rep. Las grababan en la Ciudad Inmóvil, por presupuesto. Si grabara una película la locación sería el centro de Bogotá, creo que los personajes de aquella madrugada tienen buenas historias como para pintar a Bogotá con los matices que no ve la demás gente; para mis amigos Bogotá es una utopía distópica, ellos encuentran su utopía en el caos y no solo es el espacio por el que transitan sus zapatos, porque también estas calles están dispuestas a contar historias, esas que hay perseguir. Rep trabajaba con buenos guiones a pesar de la precariedad de sus locaciones, pero yo quisiera para mi película algunas locaciones parlantes, que tengan algo que decir mientras se levantan entre colores y trazos.


Medina Reyes tuvo una buena idea con Rep, tan imperfecto y tan lejano que hasta creo conocerlo. Él deambulaba por la Ciudad Inmóvil, caminando hacia el mar mientras el agua le baña los pies, y yo lo recuerdo mientras la polución secuestra mis pasos; él escuchando a Sex Pistols y Nirvana, yo escuchando las canciones que el Zombie canta con la botella de vodka vacía evocando el micrófono de un estudio de grabación, y mientras Rep se traga y vomita la historia de Viciuos y deja de sentir el sol insoportable, yo sigo leyendo su historia que me parece más entretenida y real que la de Sid y Nancy, mientras el comienzo de una balacera de granizo me golpea la cabeza.

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