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jueves, 29 de marzo de 2018

VIERNES SANTO


Ricardo sentía que su erección iba a destrozarle los boxers, así que empujó a Ángela en la cama y comenzó a arrancarle la ropa. Ella lo frenó, pues le habían enseñado desde muy pequeña que la pasión y muerte de Jesucristo debía conmemorarse con respeto y virtud. Ricardo la convenció de continuar; el Señor no verá esto con desprecio, es un acto de amor, le dijo. Al momento del orgasmo los ojos de  Ángela se pusieron en blanco y cayó desmayada sobre el pecho de su amante.
En la mañana Ricardo sintió la necesidad de ir al baño, pero no lograba apartar el cuerpo de Ángela. Pasaron toda la mañana intentando separarse, pero fue inútil. Ahora debían pensar en qué explicación darían para no realizar la Eucaristía del Sábado en la noche.

martes, 30 de enero de 2018

EPIFANÍAS

Miguel Ángel  tomó el bus para su casa, una vez más malhumorado e indeciso. Llevaba unos dos años esperando a que Camila regresara con él. Miró por la ventana buscando dejarle sus problemas al cúmulo de edificios que iluminaban la ciudad, mientras el ruido de las puertas automáticas se abría en una parada sin importancia; un muchacho de buzo rojo y con la capucha puesta se sentó a su lado.

Un par de paradas después, el muchacho del buzo rojo puso su mano en el hombro de Miguel  Ángel y le dijo <<Ya es hora de dejarla ir>>, luego salió del bus y se  perdió entre la gente. Miguel Ángel llegó a su casa y, guiándose por el impulso místico de aquella señal del destino llevada a él por un desconocido, decidió escribirle a Camila un mensaje definitivo de despedida y la bloqueó de todas sus redes sociales.


Al día siguiente el muchacho del buzo rojo abordó el bus en una estación cercana al centro y se acomodó en un puesto al lado de un viejo: <<Ya es hora de dejarla ir>>, le dijo y descendió en la siguiente parada.