Emilia estaba harta de escuchar el sonsonete inentendible del
profesor de inglés, entonces decidió mirar por la ventana y despejarse lanzando
la vista para cualquier parte. En el edificio de en frente había un pájaro
blanco metido en una jaula y una anciana parecía estar cambiándole la comida.
Se escuchó un estruendo sobre su pupitre y al volver los ojos al fentre, su
vista se encontró con la del maestro que la miraba desafiante. Sacó su cuaderno
y comenzó a anotar en desorden lo escrito en el tablero, pero después de un
rato se distrajo de nuevo mirando a la ventana. El pájaro ya no estaba en la
jaula, se encontraba posado en el hombro de la anciana, mientras ella miraba la
televisión. El maestro pidió que sacaran una hoja y así se hizo. Emilia no
tenía idea si quiera de lo que estaba escribiendo en el papel. Mientras fingía
escribir algo, miró a la ventana de nuevo y observó que el pájaro picaba la
oreja de anciana; miró con más cuidado y notó que el pájaro halaba con el pico
un hilo ensangrentado que venía del interior del oído de la mujer. Gritó
horrorizada en medio de la clase y el profesor vociferó algo que no pudo
entender, pero leyó en su cara que debía salir del salón. Cuando Emilia salió
del edificio vio un remolino blanco bajar a toda prisa del cielo, acompañado de
chillidos estridentes; sintió un aleteo seco, el arañazo de unas uñas
puntiagudas en el hombro, el roce de unas plumas en su mejilla y un dolor
fulminante en el oído.
Si la vida les da limones, siempre podrán exprimírselos en los ojos: verán entonces mil mundos distintos. Que disfruten la explosión.
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miércoles, 12 de junio de 2019
miércoles, 28 de marzo de 2018
JAGUART (Poetic art)
Una ráfaga de astros
salpica de tinta el papel:
es un felino que relata
los universos en su piel.
Desencantado sobre un árbol
en otoño permanente;
bajó con la agilidad de un rayo
en un impulso vehemente.
Dejó atrás el paraíso verde,
pisó los suelos agrietados
y conoció un infierno
inerte
de muros pintados.
Se le tiñó el pelaje de historias:
Constelaciones de prosa…
Los zarpazos van sin métrica,
él apenas sabe contar piedras;
ritmo: solo el que ha escuchado
al oír gritar a sus presas.
En la selva es depredador,
en la calle una fiera digna de temor;
en el papel coleccionista de mundos
y entre las palabras cazador.
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