domingo, 26 de noviembre de 2017

Cuando el insomnio es quien recluta


Cansado de dar vueltas en la cama, el pobre diablo de semblante quijotesco y labios púrpura ha intentado hacer un pacto con Morfeo, que otra vez lo abofeteó con sus alas. Despierto pero dormido… Se enterró un alfiler en las llagas y vio su líquido vital transformado en agua ceniza.

Se aproximó a la ventana y sintió retumbar su letargo al ver las balas de la lluvia perforando el arco colorido del cielo. Arco que él percibe en matices carbonizados, que quisiera delinear con su espada envainada en polvo, para esperar que lo mate tiempo.

El cañón ágil de su fiel compañera se convirtió en telescopio: revela la hostilidad del paisaje marchito que él mismo hizo trizas. La caneca de ladrillos en la que apenas existe, está tapizada por primeras planas unidas por suturas, unidas por el cuero salvaje que recubre su cuerpo de lánguido autómata de la muerte.

Algún recuerdo mutiló las ganas de estar vivo y apenas consigue agitar su bandera tejida en retazos de basura. Sus lágrimas no logran borrar la pintura desvanecida de su arrepentimiento, la falsedad de su señor feudal lo sepulta y acribilla en sus cuatro muros, mientras sueña con la risa macabra de otros tiempos.

Un fantasma de carne y hueso que desde su cama intenta sustituir las imágenes pero vuelve a dibujar las mismas; tatuadas en sus manos las súplicas, salpicada en su uniforme la agónica esperanza, los lamentos que le taladran la cabeza a cadena perpetua, son los barrotes que lo encierran en la jaula de su justicia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario