domingo, 19 de noviembre de 2017

¡DISPARA!

A RIMBAUD

Un cañón dibuja un círculo en mi frente. Deja que te cuente una historia, deja que te recite un par de prosas, deja que te dicte mi epitafio. Me pides que me arrodille y no sabes que soy un rodamonte, yo muero de pie y es mi clorofila un veneno que salpicará tus ojos.

Un cañón dibuja un círculo en mi frente. Eres  un reptil que muerde su cola, una plaga caída del cielo, es tu patria el trapo sucio de Dios. Yo vengo de la tierra, y son mis raíces las que me has de devolver al plantar en mi cabeza las municiones. Me asqueo de la parte “pura” que corre por mis venas; habría preferido mi sangre  manchada de flores, de ríos y del olor de la selva, mi carne perseguida por animales mortíferos, pero la heriste con la santísima espada del evangelio.

Un cañón dibuja un círculo en mi frente. Soy falso, soy un ladrón, soy mediocre… Naufrago en el agua de cementerio por la que conduces tus carabelas. Pero también soy un esclavo, que no dudaría en poner en la piedra de sacrificio a tus profetas y hundir en su corazón el mismo puñal. Soy incapaz de comprender el lenguaje de la infamia a pesar de que el pincel del cuerpo bendito endemoniara mi piel con su color.

Un cañón dibuja un círculo en mi frente. Me hablas de una redención: la prisión de mis instintos. Encontré un éxtasis divino en mis pesadillas, dulce el sabor de mis heridas. Desnudo sobre esa cruz en las alturas he gritado “amén” para que sonrías de asco y de placer. Quiero escuchar la última nota de tu escopeta recortada, sentir mis labios alegres y saborear los ríos escarlatas. Ahorcado al filo de la luna, mi cuerpo malformado te ha de perseguir.

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