Ayer
es una palabra utópica.
La
magia que encontré en el mundo se ve con una bruma de incienso negro, un
espectáculo falso: la magia del mundo es una mentira. La luna es un pedazo de
icopor corroído que adornó alguna vez la maqueta de un niño tonto, se pavonea
con una fingida grandeza por el cielo, ante los ojos humanos porque el resto de
astros no la toman en serio.
El
sol es una estrella olvidada de cine, que necesitan los viejos y los optimistas
para disfrazar de dorado sus días en obra negra; la lluvia deja de ser un
milagro para causar tragedias por ser saliva del diablo. Los árboles son
cegadores espectros de monstruos petrificados.
El
poeta cambió su lápiz por una navaja, la tinta no satisface su deseo de sangre;
los escritos que le sirvieron para ganarse un mérito, hoy son menos valiosos que
él. La vida es un film de bajo presupuesto con un guión improvisado que no
tiene otro sitio que el anaquel de un perdedor.
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